Senadores de EEUU se oponen a comprar petróleo a Maduro

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Senadores de EEUU, incluidos los influyentes Bob Menéndez, demócrata y, Marco Rubio, republicano, se opusieron firmemente el martes a la posibilidad de que la administración de Joe Biden reanude la compra de petróleo a la Venezuela gobernada por el «dictador» Nicolás Maduro.

Menéndez, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Rubio, vicepresidente del Comité Selecto de Inteligencia del Senado, así como otros senadores republicanos se pronunciaron luego de que altos funcionarios estadounidenses se reunieran con Maduro en Caracas el fin de semana, en medio de inquietudes por la disparada del precio del petróleo por la invasión rusa a Ucrania.

Durante una audiencia parlamentaria con la número tres de la diplomacia estadounidense, Victoria Nuland, los senadores apoyaron la prohibición de importación de petróleo y gas rusos decretada el martes por Biden para intensificar las sanciones al gobierno de Vladimir Putin.

Pero rechazaron que eso justifique volver a comprar crudo venezolano, bajo embargo estadounidense desde 2019 tras la reelección de Maduro tras cuestionados comicios.

«El esfuerzo de la administración Biden por unificar al mundo entero contra un tirano asesino en Moscú es encomiable, pero no debe socavarse apoyando a un dictador bajo investigación por crímenes de lesa humanidad en Caracas», dijo Menéndez.

«Las aspiraciones democráticas del pueblo venezolano, al igual que la determinación y el coraje del pueblo de Ucrania, valen más que unos 1.000 barriles de petróleo», enfatizó.

Rubio, uno de los arquitectos de la política de máxima presión contra Venezuela por parte de la anterior administración de Donald Trump, aseguró que el único ganador sería Maduro.

«Sería un impacto insignificante en la economía estadounidense, pero un gran beneficio para Maduro, serían millones de dólares para su alcancía personal», señaló.

El republicano Jim Risch consideró «imperativo» no reemplazar el crudo pesado de Rusia con suministros de «dictadores».

«Me sorprende que esta administración complazca a los dictadores cuando podemos satisfacer nuestras propias necesidades, sin sangre en nuestras manos», afirmó.

«Es un error (…) ir a Venezuela por más energía, que es lo que parece ser lo que está haciendo este gobierno», deploró de su lado el republicano John Barrasso.

Nuland, subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, no descartó «categóricamente» la compra de petróleo venezolano «a un tirano como Maduro», como le pidió el republicano Ron Johnson.

«Senador, permítame tratar de poner todo este asunto del petróleo en cierto contexto», le dijo a Johnson, y reconoció la necesidad de reducir el «impacto» del embargo al sector de la energía ruso en la economía estadounidense.

Pero apuntó que todavía se estaba trabajando «en una serie de cosas» de la misión a Caracas, cuyo «propósito principal» era buscar la liberación de los estadounidenses detenidos por el gobierno de Maduro.

Horas después, se anunció en Caracas la liberación de Gustavo Cárdenas, uno de los seis exejecutivos de Citgo, la subsidiaria estadounidense de la petrolera estatal venezolana PDVSA, detenido en Venezuela desde 2017, acusado de corrupción.

Estados Unidos y Venezuela rompieron relaciones en 2019, luego de que Washington considerara al líder opositor Juan Guaidó, entonces jefe del Legislativo, como única autoridad legítima.

Durante la audiencia, Rubio preguntó a Nuland si Estados Unidos sigue reconociendo a Guaidó como presidente interino, y si es así por qué no fue informado previamente de la visita.

«Reconocemos su liderazgo en Venezuela, sí», contestó la diplomática, y aseguró que se había coordinado «de antemano» con el despacho de Guaidó, algo que Rubio insistió en que no fue así.

«También buscábamos que el gobierno venezolano volviera a sentarse a la mesa con la oposición», dijo Nuland en alusión a los diálogos lanzados en México en agosto pasado, pero suspendidos en octubre por Caracas.

«Realmente no creo que importe», replicó Rubio, y agregó que Maduro «usa las negociaciones de la manera en que Putin lo hace habitualmente: para dividir y desmoralizar a su oposición».