Pedro Mena: ¡No puedo respirar, no puedo respirar!

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Por Pedro Mena.- Los graves acontecimientos ocurridos esta semana en varias ciudades de los Estados Unidos, a consecuencia del acto inusitado de agresión policial contra el afroamericano George Floyd, quien, al ser detenido, unos de los agentes para someterlo le colocó la rodilla en su cuello, provocándole asfixia. A pesar de expresar el agraviado que “No puedo respirar, no puedo respirar”, seguía la presión fuerte en su cuello, que luego tras complicaciones en su cuerpo, lo llevó al triste desenlace de su muerte.

Este hecho casual que seguramente ocurre a diario entre personas de ambas razas, blancos y afrodescendientes, como también la etnia hispana, latinoamericana y últimamente la asiática, a raíz de la pandemia del “coronavirus”, provoca una inusitada oleada de manifestaciones y protestas no solo por la muerte del afroamericano, sino porque a los efectos de los intereses oscuros de las agendas ocultas de sus aliados políticos internos del “Nuevo Orden Mundial”, quienes hoy permanecen callados, solapados y ocultos sin expresar ninguna afirmación a favor o en contra. Los pueblos son inteligentes y tienen una intuición nata y saben castigar a la hora de votar democráticamente.

Los autores intelectuales, sus facilitadores políticos y mercenarios, intentaron aprovechar la coyuntura de este condenable hecho violatorio de los DDHH, de cualquier persona no importa su raza, razón social o credo religioso, pues sencillamente era un ser humano que merecía respeto a su vida, con la finalidad de utilizarlo como un vil instrumento de lucha contra la paz y estabilidad de la nación, cometiendo daños y acciones vandálicas, muchas veces contra los más débiles.

“No puedo respirar, no puedo respirar», debe quedar como una prueba eterna e irrefutable ante la historia, como un ejemplo constante y real de las actitudes violentas, incoherentes e irracionales que deben ser borradas para siempre de las conductas de los seres humanos. No más presiones de la rodilla sobre el cuello de nadie. Esa simbología debe desaparecer definitivamente como un episodio cruel, despiadado e inhumano que nunca debe repetirse. Aprendamos esta lección de los errores cometidos por otros. No más muertes o asesinatos viles. Respetemos el derecho a la vida y condenemos la crueldad humana venga a donde venga.

Por ser un año electoral los adversarios políticos del presidente Donald Trump hacen todo lo posible por evitar su reelección, acudiendo a los más desagradables actos de crueldad, violencia e injusticia contra los ciudadanos de esta gran nación libre, y que por ser libre, es envidiada, atacada, violada, y agredida en forma sistemática por sus enemigos históricos como los países comunistas, las oprobiosas dictaduras, la anarquía organizada y ahora los fundamentalistas islámicos, en su afán de destruir a occidente y su cultura judea cristiana, sumando y apoyados por la nueva versión del llamado “triángulo de la muerte” integrado por Irán, Cuba comunista y la dictadura “madurista” de Venezuela. La inestabilidad política, social y económica de USA es el objetivo fundamental que lograr por estas nuevas maniobras y agresiones criminales.

En los actos de violencia y destrucción callejera desatadas en algunas ciudades norteamericanas, han estado presente grupos terroristas de mercenarios tarifados, con sus característicos uniformes de negro, los mismos que actuaron vandálicamente a las horas siguientes del triunfo del presidente TRUMP en el 2016. ¿Se repite la historia?

Las autoridades de seguridad nacional federales que actuaron contra la protesta irracional y violenta en Miami pudieron constatar al someter algunos de sus participantes, que estos no eran residentes de esta ciudad, algunos de ellos turistas venezolanos, cubanos, hondureños, haitianos y dominicanos, quienes pagaban altas sumas de dinero en barrios para promover el activismo destructor y terrorista, según publicaciones en redes sociales.

Los venezolanos quedamos ingratamente sorprendidos al ver en los medios de comunicación y en las redes sociales, el video del salvajismo y sadismo de un “mercenario venezolano” destruyendo con gran placer de locura un auto de color azul, estacionado en unas de las calles de Miami. ¡Qué criminal y más aún su risa irónica y demencial! Por supuesto llevaba una gorra con los colores patrios de nuestro país, muy usada por la oposición contra Maduro, un hecho evidente de violencia política, fraguada supuestamente por los miembros juveniles de la Brigada Internacional “Ernesto “Che” Guevara”, creada y juramentada en Caracas, Venezuela. ¡Qué coincidencia!

Estos mismos y señalados grupos de terroristas mercenarios actuaron con saña y agresividad en Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia y ahora regresan a los Estados Unidos a realizar sus faenas para desestabilizar y crear el caos en todo el país, con fines electorales.

Los venezolanos de formación democrática y pluralista, defensores de la democracia y sus valores éticos, religiosos, rechazamos de plano esta violencia mercenaria generada por los grupos terroristas y anarquistas tarifados y expresamos nuestra solidaridad al pueblo norteamericano y a los órganos de poder ejecutivo a nivel federal, estatal y municipal y a nuestros parlamentarios.

Al presidente Trump nuestro respaldo institucional, político y a ejercer el lema “DEMOCRACIA CON ENERGIA” para evitar más sufrimiento a esta gran nación por la acción terrorista de sus enemigos tradicionales e históricos. Dios y Espíritu Santo le otorguen la sabiduría necesaria para enfrentar con el imperio de las leyes y Constitución Nacional a su lado, esta nueva agresión externa.

Esta triste experiencia nos debe enseñar que, por encima de nuestros sueños y aspiraciones, existen realidades que no podemos visualizar sino cuando ocurren sorpresivamente. Nuestra amiga, compatriota y destacada actriz Gaby Espino, frente a estas nuevas maniobras violentas manifestó: “No olvidemos los millones de nuestros hermanos que tampoco pueden respirar por tener la rodilla de una dictadura cruel en su cuello”. ¡Absoluta verdad y realidad!

“No puedo respirar, no puedo respirar”, símbolo de la barbarie humana, debe prevalecer en el tiempo y la historia para permitirle al pueblo de esta gran nación continuar “respirando, pero respirando muy fuerte, los aires de libertad plena, progreso, igualdad social y desarrollo económico para seguir siendo, sin rodilla alguna en su cuello, el símbolo de la democracia real, como el faro que ilumina los océanos de grandeza y prosperidad, manteniendo como base fundamental la justicia y el respeto a los valores humanos».

 

“Dios bendiga a América siempre!

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