Pequeños comedores en Bolívar mantienen puertas abiertas para ayudar a los más vulnerables ante la pandemia

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Las organizaciones de la sociedad civil que trabajan con poblaciones vulnerables en el estado Bolívar están haciendo maromas para no dejar de atender a niños, ancianos y familias que se benefician de sus programas en medio de la emergencia humanitaria compleja, y ahora de la pandemia por el Covid-19.

Fundación Me Diste de Comer, con 20 años en Ciudad Guayana, es una de los organizaciones que sigue trabajando a pesar de la crisis de gasolina. Con la cuarentena han tenido que limitar sus acciones y maximizar las medidas de seguridad tanto para sus cocineras como para sus beneficiarios. Ahora están entregando los almuerzos en envases para llevar.

De acuerdo con su presidente, Carlos Corinaldesi, están entregando cerca de 450 almuerzos en los cuatro comedores que mantienen: tres en San Félix y uno en Unare; en este último además sirven 120 desayunos.

La falta de gasolina ha sido perjudicial. Corinaldesi comentó que algunos de los necesitados han dejado de asistir por la falta de transporte que no les permite llegar desde lugares alejados a los comedores.

Para otros problemas refirió que “siempre Dios provee”, haciendo referencia a las dificultades en el acceso al gas doméstico y a la disminución de contribuciones que han hecho más cuesta arriba mantener el programa de alimentación.

El sacerdote católico Carlos Ruiz señaló que las autoridades responsables del suministro de combustible no han tenido consideraciones con la fundación. “Vamos semana por semana, así es como estamos trabajando, para esta semana tenemos, no sé si para la otra vamos a poder”, contó. El párroco es el responsable de tres comedores de la fundación de Me Diste de Comer en San Félix.

En las últimas dos semanas ha habido un aumento de entre un 10 y 15 % de personas que cada vez se acercan a los comedores en busca de ser ayudados, calcula Ruiz. “Se está notando por la propia cuarentena que la gente no puede salir a comprar o no puede ir a trabajar entonces tampoco tienen recursos”, señaló.

La fundación ¬-que comenzó como un comedor dirigido a niños – ha tenido que ir ampliando su apoyo. La emergencia humanitaria compleja ha generado que los recursos también tengan que dirigirse a ancianos y personas enfermas. Aunque tienen un censo con la cantidad de personas que pueden ayudar, en ocasiones son tantos los que necesitan ayuda que no pueden atender a toda la demanda.

El sacerdote Ruiz explicó que la principal razón por la que se mantienen activos estos comedores es porque de no ser así se “complicaría más los riesgos” de las personas que están vulnerables. Los almuerzos que brindan de lunes a viernes, dijo, son “una tabla de salvación” para muchas personas que ya de por sí no se alimentan bien.

“Casi todos los asistentes tienen déficit nutricional”, manifestó, una condición que puede agravar el cuadro médico de quienes contraigan Covid-19 por su débil estado salud. Pidió que se garantice ayuda en el suministro del combustible para continuar con la operatividad de los comedores.

Medidas regulatorias

María Nuria, coordinadora de Meals4hope, una organización que desarrolla y apoya programas comunitarios de alimentación y recuperación nutricional de niños en comunidades pobres de Venezuela, señaló que están tomando las precauciones necesarias para seguir atendiendo en sus dos centros de recuperación nutricional en Brisas del Sur y Unare, en Ciudad Guayana.

En ambos centros asisten a alrededor de 100 niños donde se les toma tanto peso y talla y se les explica cómo lavarse las manos adecuadamente para prevenir contagios por coronavirus.

Aunque tienen una casa comunitaria de alimentación, en el sector José Tadeo Monagas, en San Félix, no pudieron continuar con los desayunos que entregaban a 22 niños por las dificultades en el acceso a gasolina. Por eso entregaron a cada uno un kilo de Lactovisoy y 30 sobres nutricionales que les permitan aguantar la cuarentena.

Cáritas Arquidiocesana de Ciudad Bolívar anunció el 26 de marzo la paralización de su asistencia al no tener garantías en el suministro de combustible. La ausencia del mismo los obligó a cerrar el Banco de medicinas y a no prestar la ayuda humanitaria en las parroquias del municipio. Cuatro días más tarde, la Zona Operativa de Defensa Integral (ZODI) Bolívar aprobó el salvoconducto para que recibieran gasolina, de acuerdo con las denuncias realizadas por el arzobispo, Ulises Gutiérrez.

Depender de ayudas

La crisis económica que atraviesa el país no permite costear los alimentos para una dieta balanceada, lo que ha generado que más personas en estado de vulnerabilidad dependan de fundaciones y de un Estado que se lava las manos ante la situación.

Actualmente el salario mínimo nacional no sobrepasa los 250 mil bolívares (3 dólares). A esto, se le suman los problemas inflacionarios que registró el país durante el año pasado: 9.585,5% de inflación acumulada y 7.981,4% en alimentos y bebidas no alcohólicas de acuerdo con cifras del Banco Central de Venezuela.

La cuarentena trajo consigo la paralización de las empresas perjudicando aún más las posibilidades de que las personas puedan seguir trabajando y así generar ingresos para comprar comida.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) registró que la personas con problemas de alimentación en Venezuela aumentaron de 2,9 millones (entre 2013 y 2015) a 6,8 millones de personas en el periodo de 2016 a 2018, esto a su vez ha generado la migración forzada de casi 5 millones de habitantes.

En algunos sectores pobres la caja de alimentación del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP) ni siquiera llega en el tiempo ni con la cantidad de alimentos prometidos, por lo cual varias organizaciones ante la ausencia del Estado han tenido que tomar estas responsabilidades incluso en medio de la pandemia.

Por José Rivas / correodelcaroni.com

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