El FMI rechaza conceder un crédito de $5.000 millones que solicito Maduro por el coronavirus.

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El organismo argumenta que “no hay claridad” sobre el reconocimiento del Gobierno venezolano. El país afronta la crisis con menos ingresos petroleros.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) desestimó la noche de este martes conceder a Nicolás Maduro un crédito de 5.000 millones de dólares para contener el coronavirus. La decisión, adoptada horas después de que Venezuela formalizara la petición, se debe a que “no hay claridad” entre los miembros de ese organismo sobre el reconocimiento internacional de ese Ejecutivo, ya que más de 50 países solo aceptan como presidente interino al líder opositor, Juan Guaidó. “Lamentablemente, el Fondo no está en condiciones de tomar en consideración esta solicitud”, informó un portavoz del FMI.

La respuesta, adelantada por la agencia Associated Press, llega después de que Maduro solicitara ese financiamiento para tratar de paliar el impacto de la pandemia en la maltrecha economía venezolana. La petición del mandatario, realizada por carta a la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, pretendía lograr “recursos” para el sistema de salud, asfixiado por una emergencia económica sin precedentes en la historia reciente de ese país. Este movimiento es, de todas formas, relevante políticamente porque choca frontalmente con los planteamientos de su Gobierno, duramente enfrentado al FMI y a los principales mecanismos internacionales de crédito.

En cualquier caso, esto demuestra que los venezolanos atraviesan por una crisis sanitaria en un país sin defensas. El impacto que ha tenido en la economía global la pandemia del coronavirus golpeará con dureza a los nichos de producción petrolera que aún se mantienen en pie en un país que ha reducido su PIB en dos tercios en los últimos seis años y es campeón en hiperinflación. “Este era un año malo por razones endógenas, de nuestro propio ciclo de colapso. Ahora, la variable exógena de la pandemia nos afectará fuertemente por la caída de los precios del petróleo que ha generado el coronavirus y la guerra comercial de Arabia Saudí y Rusia. Todavía con la caída de la producción, el petróleo sigue siendo el sustento de la economía venezolana”, señala el economista José Manuel Puente.

El fin de semana volvieron a verse colas en los comercios. Eran personas buscando provisiones para el encierro. Las compras nerviosas que genera toda crisis, en las que los venezolanos ya tienen entrenamiento. Con las flexibilizaciones de controles que emprendió Nicolás Maduro el año pasado, Venezuela había logrado recuperar un abastecimiento parcial, una recuperación artificial sustentada en la apertura de nuevas tiendas con productos importados, los llamados bodegones. Esta frágil mejora, según apuntan los analistas, se revertirá por la reducción de los ingresos para la importación de bienes.

El precio del barril venezolano está a la mitad (24 dólares) de lo que estaba a comienzos de año. El pronóstico de una contracción del 10% para este año que ha hecho el Fondo Monetario Internacional (FMI) posiblemente será mayor por el paso del coronavirus, apunta Puente. Junto a las sanciones internacionales y la descarnada lucha por el poder en el marco de una dilatada crisis política, las medidas anunciadas por Maduro para enfrentar la pandemia -distanciamiento social, suspensión de clases y cierre de ciudades- aparecen como inhibidoras, y se aplican en un Estado quebrado, insolvente de recursos, con muy pocos instrumentos para emprender un intento de recuperación.

China, origen de la pandemia, es el principal socio comercial de Maduro, junto con Turquía. La paralización de este motor de la economía mundial ha tambaleado sus finanzas y en cascada también obligará a reevaluar sus inversiones fuera, añade Puente. “China ocupa un rol protagónico en nuestra economía a través del Fondo Chino, es un financista del proyecto bolivariano y la recesión que puedan tener serán un factor adicional que va a impactar en el país. En nuestro caso, cuando China tiene gripe, Venezuela empieza a estornudar”.

“El poco consumo que había en la calle se caerá de nuevo. En un país que tiene todavía amplios sectores viviendo una crisis humanitaria, una epidemia de este tipo, con medidas de aislamiento, pone en problemas a muchos sectores de la sociedad, desvalidos, desprotegidos por el Estado, sin capacidad para prepararse, para acumular víveres, aprovisionarse, aquí no habrá capacidad de atención”, agrega Orlando Zambrano, profesor de economía de la Universidad Católica Andrés Bello.

Los grupos más vulnerables son varios en Venezuela, donde más de la mitad de los habitantes vive en situación de pobreza. El salario mínimo en Venezuela es el más bajo de la región, unos 3,3 dólares. Es la remuneración que perciben alrededor de millones de pensionistas, la población más vulnerable al virus y con ninguna capacidad de prepararse. En un país con una economía que se ha vuelto miniatura, un gran sector está en el sector informal o trabajando por cuenta propia, formas que la dolarización ha favorecido para mejorar los ingresos que permiten vivir al día. La paralización a la que conllevan las medidas de aislamiento para controlar la epidemia serán un duro golpe para esas personas.

Otro grupo de familias vive de las remesas, una economía que ha generado la migración de 4,8 millones de venezolanos, con el mundo detenido y en recesión también verá impactado sus fuentes de ingresos.

Es lo que advierte el empresario Jorge Botti, expresidente de la patronal Fedecámaras. “La paralización de las actividades económicas tendrá un impacto económico y hay mucha preocupación hoy en el empresariado sobre la óptica, el enfoque que hará el gobierno de Maduro sobre la pandemia como nuevos operativos militares para distribuir medicinas, que han causado la escasez de estos años, y que sería nefasto volver a repetir”.

Con información de El Pais.

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