Reclamo por pensiones es una de las banderas de las protestas en Chile

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La demanda de pensiones en Chile no es nueva, pero es clave para entender el estallido de la última semana en una de las economías más sólidas de América Latina, que forzó al presidente Sebastián Piñera a recurrir a los militares para custodiar la seguridad por la violencia rampante y los saqueos.

En las calles de la ciudad, el enojo por las pensiones hace eco entre jóvenes que están a décadas del retiro, pero que han visto a sus abuelos sufrir carencias y que no quieren el mismo destino.

“Ya basta. La gente está cansada de todo esto, saturada. Necesitamos buenos salarios, pensiones para los abuelitos”, dijo Octavio Solís, de 43 años, un guardia de seguridad, mientras hacía fila en una oficina para recibir beneficios por desempleo en Santiago. “Me duele”.

El sistema de pensiones privados en Chile nació en 1981, durante la dictadura de Augusto Pinochet, y ha sido un modelo elogiado e imitado por otros países. Pero en Chile, lo jubilados a los que se les prometió recibir un 70% de sus salarios finales, usualmente reciben un monto muy inferior.

El sistema de pensiones estableció en su fundación que los trabajadores debían entregar obligatoriamente al menos un 10% de su salario a las privadas Administradoras de Fondos de Pensiones(AFP).

Las administradoras de los fondos de pensiones locales -que tienen miles de millones de dólares en inversiones en Chile y el extranjero- prometían un sistema de capitalización individual más sostenible que el anterior, que suponía financiar a los más viejos con fondos de los que estaban aún trabajando.

Pero en la realidad, muchas personas no son capaces de aportar lo suficiente como para recibir un pago adecuado, mientras que el tercio de los chilenos que trabaja en empleos informales, junto con los desempleados y las mujeres que dejan su trabajo para cuidar de sus hijos quedan en el camino.

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